Poemas a mi dedicados, por lo tanto quiero agradecer a esta persona su sensibilidad hacia mi y con su permiso quiero compartirlos, así la gente vera el buen corazón de Pedro.Pedro, tu sabes que yo no te puedo querer por que mi corazón es de otra persona, me hubiera gustado que no sufrieras por mi, no soy mas que uno mas en el mundo, distinto a nadie e igual que todos.Te deseo toda la suerte del mundo y que encuentres a alguien que se enamore de ti como tu lo estubiste de mi y yo lo estoy de mi amor.Un beso enorme
POESÍAS ASONANTES
I
No me llames poeta. No me gusta
esa notoriedad que a tantos place,
ni hablar de la sublimidad del arte,
ni hacer de bohemio o de persona culta.
De la poesía actual no leo mucha,
ni escribo de los temas importantes.
Ni me salen las rimas consonantes
aunque de viejos metros vaya en busca.
Si comencé a rimar fue por dar gusto
a quien me lo pidió para sus páginas.
Pero tampoco me sirvió de mucho:
no concebí otra idea más romántica,
pero hasta de mostrar mis versos dudo.
Sólo conoce algunas muestras pálidas.
II
Dejé escapar mis buenos años mozos
siguiendo a quiméricas princesas.
Amigas y dolores de cabeza
gané; y a ellas las ganaron otros.
Mas como administré el mal genio un poco
y en su reparto algo me dio Belleza,
también deseado fui, aunque no se crea
ahora que me alcanza el deterioro.
Llegó algún que otro príncipe hasta mí.
Gocé, temí, me amaron, fui esquivado,
y hallé un rey donde menos esperaba.
“Amor definitivo”, eso creí
pero tuvo el deseo en otro lado
y yo me encontré ahogado por la nada
III.- Recordando el día que te conocí
Ávila amurallada
¿quién te paseara
un día del otoño
por la mañana?
El sol y los nublados
pugnando fuerte
se disputan la dicha
de poder verte.
Almenas y merlones
de los adarves
se asoman a tu paso
para mirarte.
El toro de la puerta
de san Vicente
no muge, balbucea,
suspira al verte.
El peso de la carne
no pesa libras,
pesaría el empedrado
en que caminas.
En lo alto del cimorrio
las cigüeñas
crotoran asombradas
y aletean
Y las escalerillas
de san Segundo
se estremecen si pasas
al lado suyo
El Grande y el alcázar,
el Chico, el Rastro,
parecen cuando llegas
iluminados.
Si las piedras se ablandan
al contemplarte,
¿qué no hará un corazón
hecho de carne?
IV.- Una mañana en el trabajo, pensando.
Final de otoño, es una gris mañana;
voces adolescentes, navideñas,
resuenan animadas en las mesas.
Me pierdo al mirar por la ventana
mientras mi mente lejos se traslada,
entre los espesores de la niebla,
más allá de los campos y las sierras,
más allá de la nieve en las montañas.
¿Por qué me vienes tanto al pensamiento,
por qué busco encontrarte cada tarde
si apenas hace un mes que te conozco?
¿por qué te echo ya tanto de menos,
y me parece sólo consolarme
de tu ausencia, Miguel, cuando te nombro?
V.- Una tarde de ese otoño, en un bar
Miré las cicatrices de tus dedos
que filos tan agudos han cortado:
son blancas líneas en que, registrados,
vi años de pelear con el acero.
¿Con qué compararé, sino con hierro,
como el que tantas veces han doblado,
al tiempo fuertes y tiernas, tus manos,
callosas y cubiertas por el vello?
Pues seda y algodón son si las veo
acariciar la cara de tu hijo,
las teclas de un piano pulsar luego.
Y al tocarlas siento escalofríos,
quisiera yo tenerlas en mi pelo,
y entrelazar tus dedos con los míos.
VI.- Una noche, en el sofá, recordando.
Me gusta cuando arqueas
la luna, sonreída por tus labios.
Y cuando asomar dejas
tus dientes, separados.
Parece boca de un Apolo arcaico.
Me gusta la mirada,
aún torcida, de ojos tan risueños
que, al entornarlos, rasgas.
Y tu nariz, delgada,
me gusta cómo aguda apunta al suelo.
Me gusta la aspereza
de la piel de tu barba mal cerrada,
y cuando el aire impregna,
de aromas perfumada,
tu cara, suave apenas afeitada.
Me gusta el color negro
con que, coqueto, te cubres las canas
irguiéndote el pelo,
igual que si erizaras,
mil púas, con doradas llamaradas.
Me gustan tus orejas
heridas hasta el más profundo oído
por cicatrices viejas.
Y el gesto repetido
con que a veces te quitas el audífono.
Me gustan tus manazas
tan fuertes y de dedos tan grüesos,
surcadas por las marcas
trazadas por mil hierros,
en que años de trabajo duro leo.
Me gusta cuando llevas,
cruzando por tu pecho, firme y ancho,
la bolsa en bandolera,
por la correa, colgando
de tus hombros, quizá un tanto cargados.
Me gustas porque eres
amable, bueno, tímido, sencillo,
bromista algunas veces,
valiente, comprensivo,
padrazo, compañero, buen amigo.
VII.- Una noche, en La Cañada, después de cenar
Sentados en sendos serijos
hombro contra hombro
te miro de reojo
y contemplo luego
la danza del fuego.
Con una badila de hierro
las ascuas remuevo,
atizo tizones
y, mientras crepitan las chispas,
con las tenacillas
avivo carbones.
Ascienden pavesas al tiro
de la chimenea,
huele a humo de encina,
castañas asadas
estallan en la calbotera.
Oscilan las llamas
y llenan la estancia
de luz rasante anaranjada
y sombras que bailan.
Y el calor del fuego
enciende la piel de la cara
y el rubor lo acalla,
y seca la lengua
y el fondo de la garganta
Y por la cabeza
me cruzan confusos
los sentimïentos:
¿acaso será que te quiero
si te conozco hace bien poco
y creí que tenía
otros pensamientos?
Y trato de balbucearlo
y a bocajarro me espetas
que no te quïera.
VIII.- Eres (bolero abulense)
Eres de oro,
como son los berceos
el mes de agosto
subiendo el puerto,
cuando el sol ya se oculta
detrás de Ciervos
Eres de plata
como noche de luna
en La Cañada,
en un tejado,
desvelando el misterio
de Navacarros.
Eres el aire
caliente, de una noche,
que cae al valle
de las montañas,
a la vera de Gredos,
por la garganta.
Eres granito
de los toros vetones,
de los castillos,
de las murallas,
de los rollos del Tormes,
de la calzada.
Eres el agua,
tan azul, del Voltoya
al represarla
en Campo Azálvaro,
que taladra la sierra
de Ojos Albos.
Eres piorno
con el que los pastores
cubren sus chozos,
y en primavera
inunda de amarillo
la Paramera.
Eres firmeza
como la de los chopos
de carretera
alineados,
que sostienen cigüeñas
al mutilarlos.
Eres el frío
del manantial brotando
que, en el estío,
la tierra abre
para dar de sus venas
al caminante.
Eres aroma
de cantueso y tomillo
entre estas lomas;
de miel y cera
en el reino escondido
de las abejas.
Eres romance
que en esta tierra antigua
canta tu madre.
Y eres flauta,
y un rabel, y un armonio,
y una guitarra
Dentro en Ávila
IX
Ferrallista es mi amigo,
monta ferralla.
Va con cizalla al cinto,
casco y tenazas
Entramando y urdiendo
teje el alambre
y entrelaza los hierros
con alicates.
Como una banasta
va, piso a piso,
levantando las varas
del edificio
Subidito al andamio
a la intemperie,
es la envidia del sol
y de las nieves.
Cuando los albañiles
silban a chicas,
él mira a los muchachos
que se aproximan.
-Ferrallista, marica,
¿te doy por culo?
-Albañil tan machote
¿es que te gusto?
X.- Príncipe azul.
Azul intenso, azul como las venas
que dibujan la piel y que palpitan.
Azul, como es el cielo sin mancilla
de un claro amanecer de primavera
Azul como el fulgor de la turquesa,
o el lapislázuli en una sortija.
Azul como la estrella matutina.
Azul como una vítrea transparencia.
Azul como es un manto virginal.
Azul como el reflejo de los mares,
azul como aquel río en aquel vals.
Azul como la llama que me arde.
Así no pienso en nadie más que tú
cuando imagino un príncipe azul.
XI.- Visita de domingo (Sintagmas)
Portero automático estridente,
y cuatro pisos largos escaleras.
La puerta de la entrada entreabierta.
Voz desde el interior para que entre.
Acceso al salón a la derecha:
la mesa vieja; igual que el sillón.
Un siempre conectado ordenador.
Pasillo que se dobla hacia la izquierda
Desnuda casi, una habitación
y nuevas voces desde la terraza.
De marca, calzoncillos en cordada
y más prendas secándose al sol.
Saludos para el hombre de la casa
después de unas semanas de no verse.
En la cocina algo que ofrecerme.
cerveza y una bolsa de patatas.
Comienzo de una charla intrascendente.
Incómodo sofá que se te hinca
tan típico de casas que se alquilan.
Convite para que a comer me quede.
De nuevo, pues, trajín en la cocina.
Un rato de buscar por la nevera.
Cacharros de un rincón de la alacena.
Sobre el mantel dispuesta la vajilla.
Desfile de viandas en la mesa.
Noticias de hoy en la televisión.
Y para terminar una infusión.
Visita nueva en la sobremesa
con una buena charla en el salón.
Dos horas aún. Saludos de tu amigo.
Más plática, otra vez sólo conmigo.
Oscuro. Despedida también yo.
Ha pasado una tarde de domingo
XII.- Una noche comunicando por ordenador.
Me halaga que me hagas confidente
de los amores mal correspondidos
con que a veces estás tan confundido,
y tu dolor más íntimo me muestres,
y me preguntes que si te quïere
quien tiene tu pensamiento prendido,
y me cuentes que, igual que haría un niño
lloras la incertidumbre de tu suerte.
Mas no son imparciales mis consejos.
yo, con un gesto tuyo te amaría,
así que no comprendo sus recelos.
Tú esperas que se entregue a ti algún día,
y yo de que me duelas tengo miedo,
Pero busco, aún así, tu compañía
XIII
Si algún día dijeras que me quieres
tirar podría muros con trompetas,
el sol lo pararía, o las estrellas,
el mar podría cruzar con pasos fuertes
Podría conquistar el reino persa,
podría prender fuego a mis bajeles,
del Nilo encontraría las dos fuentes
con mínima esperanza que tuviera.
Mas ya sé que tú siempre el pensamiento
en ojos tienes que no son los míos,
y, cuando te hablo, siento que te miento.
Deseo, por amistad a eso me obligo,
que cumplas puntuales tus anhelos.
Me alegro de que no, y me veo mezquino.
XIV.- El día que te quitaron el estrabismo.
¡Gafotas, cuatro ojos, feo,
bizco de vista torcida!
No se sabe adónde miras,
si a izquierda, derecha o medio.
¡Escóndete! No te vean,
niño de estigma marcado
¡Quita, no estés a mi lado,
que asustas hasta a las viejas!
***
Los portalones franqueo,
y pregunto en recepción.
Subo hasta la habitación.
Convaleces, cuando entro,
sobre la cama tumbado,
con ojos enrojecidos,
entornados, escocidos,
lacrimosos. Operados.
Saludo y presentaciones:
esposa, hermanas: familia.
Como es de cortesía,
una caja de bombones.
Conversación animada.
Te levantas, te remueves;
otra vez más te resientes.
y te vuelves a la cama.
El pijama te va grande
y así, desabotonado,
te deja despechugado;
y la bragueta se te abre.
Hay trajín de tus visitas:
“Ahora entro”; “ahora salgo”.
-Voy a echarme un cigarro.
-Pues también yo fumaría.
-En cuanto pueda me escapo
y fumo uno en el pasillo...
Comería un bocadillo.
-Cuando suba te lo traigo.
Otro visitante llega.
Después, alguna llamada.
-¡Qué tarde más animada!-
asevera la enfermera.
Sólo a quien sé que tú adoras
esta tarde echo de menos.
“El trabajo estaría en juego
si algunos nos relacionan”.
***
¡Escóndete! No te muestres,
hombre de marcado estigma
¡Tu presencia escandaliza
a las personas decentes!
XV
Eres un peligro,
es muy arriesgado
juntarse contigo.
Es un peligro ir
donde te conozcan
porque luego hay gente
que es muy chismosa;
sabiendo lo tuyo
podrían, si asocian,
descubrir lo mío
si me ven contigo.
En una ciudad
pequeña como esta,
que es tan católica,
que es tan de derechas,
donde estas cosas
siempre hay que esconderlas,
no puedo ser visto
saliendo contigo.
¿Por qué has de ser tú
tan poco prudente,
y hacerte visible,
y hacerte evidente
y andar sin tapujos
y mostrar cómo eres?
Para ser amigos
¡cuidado contigo!
Así que será
mejor que quedemos
en sitios ocultos,
en sitios discretos.
Y si alguien nos ve
no nos conocemos.
O, mejor, les digo
que choqué contigo
.
XVI
Tú, que tan mal lo pasaste
cuando afrontaste
lo inevitable
lo que era en tu alma evidente.
Y fuiste un hombre valiente
que no te achantaste
por lo que opinasen
el cura, tu padre,
tu vecina la de enfrente
o la gente bienpensante,
Ahora te ves convertido en
eterno expectante
de que alguien decida
si vale tu compañía
más que los miedos cervales
a las opiniones
de los obispones
a lo que le digan
madres, padres, tías,
lo que piensen las vecinas.
Sobre todo el jefe,
no vaya a ser que lo echen.
¡Qué voces beatíficas!
Todas te cantan a coro
¡y tú sin oírlas!
Es encomiable tu empeño
don Erre que Erre,
don santo Job nuevo.
La ganancia no te arriendo.
Mas la fe mueve montañas:
puede ser que un día veamos
ranas criar pelo.
XVII.- Conversación importante.
Papá lleva unos días
triste y sombrío
casi no habla con nadie,
llora escondido.
¿Qué es lo que pasa?
Hoy me explica muy serio
que se separan.
-Papá ¿es por culpa nuestra
lo que tú tienes?
-No, hijo mío, no,
no, ¡ni lo pienses!
que sois, con mucho,
para mí lo mejor
que hay en el mundo.
-¿Es por mamá entonces?
¿Ya no os queréis?
-No he podido tener
mejor mujer;
y me comprende
y no hay persona a quien
yo más aprecie.
Pero es que, ni niño,
no puedo ya
seguir con una vida
que no es verdad.
Que lo que quiero
no es una esposa, sino
un compañero.
Yo me estuve engañando
durante años
luego disimulé
por no afectaros.
Mas ¿cómo haceros
felices si es que yo
no logro serlo?
-Papá, lo que me explicas,
en el colegio
hay niños que lo llaman
con nombres feos.
-Sí, hijo, y también
muchos que se titulan
gente de bien.
E insultos de ellos puede
que oigas a veces.
Tengo miedo de que eso
algo te afecte;
no entres al trapo.
A los necios mejor
ni hacerles caso.
-Papá, a mí no me importan
los cometarios;
sólo quiero que nadie
te haga daño
y que tú seas
tan feliz en la vida
como deseas.
.
XVIII.- Visita a los reinos del Valle del Tiétar.
A mitad de esta mañana
ha llegado
Miguel con Sergio y con Pablo.
El camino se ha hecho corto,
el viaje ha sido tranquilo.
Sergio, que ya está crecido
puede ir de copiloto
-Y lo malo:
se nos ha mareado Pablo
-Más curvas hay todavía
en el trecho que nos falta...
-Buscaremos la farmacia
para comprar biodramina.
¡Venga, vamos!
Tómate la ampolla, Pablo.
Sergio cuenta que ya ha estado
una vez con el colegio.
-Pero casi no me acuerdo;
es que fue hace más de un año.
Sin embargo
no había hecho esta excursión Pablo.
***
A un reino blando y dorado,
que huele a polen y a cera y
que sabe a miel y a jalea y
suena a zánganos zumbando
han entrado
los dos niños: Sergio y Pablo
Están en urnas de vidrio,
las casas de las abejas
de estalactitas de cera
y de obreras en racimo.
Y un mago,
se lo explica a Sergio y Pablo:
-Cada una hace su trabajo...
Se huelen con las antenas
cuando entran en la colmena...
¡Hay una que está bailando!
¡eh, miradlo!
¡Como atienden Sergio y Pablo!
Sergio aprende que en la cara
tienen tetas las abejas
y, con jalea, a la reina,
que es su madre, la amamantan
¡Qué cansado!
Es que aún es pequeño Pablo
-Vámonos al jardín mientras
Miguel y Sergio terminan
a ver en las margaritas
como liban las obreras.
¡Ten cuidado!
¡Ahora se ha ortigado Pablo!
***
-No compro patatas fritas
que luego no comerás...
No tardes tanto en tragar...
¡Te dejas media comida!...
Sergio, en cambio
come bien, mejor que Pablo
***
Vamos al vecino reino,
el reino de los juguetes;
ahí, de cartón son los reyes.
-Aunque hoy está muy revuelto,
de obra estamos,
¡pasa Sergio, pasa Pablo!
Marionetas y muñecos
coches, combas, construcciones
animalitos, aviones;
juegos de padres y abuelos
¡Vaya caso!
¡también juegan Sergio y Pablo!
Con cartón, cola y pinturas,
(azul, malva, roja, verde)
molde, aerógrafo, pinceles
nacen aquí mil figuras;
de mirarlo
no se cansan Sergio y Pablo
Sergio ve el farol borracho,
un coche correr torcido
planetas con principitos,
la mujer gorda volando,
y un lagarto
pequeñito, igual que Pablo.
-¡Huy, si está también Tintín!...
-Estrellitas de cartón
para que pintéis los dos...
-Ponte junto al balancín.
abrazado,
que te hago una la foto, Pablo.
Sergio es un niño discreto
que no quiere pedir nada.
Pero, como le gustaba,
una luna de recuerdo.
-¡Dinosaurio!
había escogido antes Pablo.
***
En la casa de la música
hay zambombas y panderos,
tamboril, acordeón, hierros,
dos laúdes con sus púas
-Ya estamos;
¡A merendar, Sergio y Pablo!
Un rabel es un violín
con una, dos o tres cuerdas,
y arco como el de las flechas.
Y las cuerdas son de crin.
¡Huy!, qué raro
les parece a Sergio y Pablo
Sergio toca los rabeles;
aunque antes no los ha visto.
Es músico: le han traído
una guitarra los Reyes.
Mientras tanto
juega con la peonza Pablo
Tal astilla de tal palo:
Papá es también guitarrista,
y el armonio tocó en misa
y en un grupo los teclados.
Y el piano
le enseña a tocar a Pablo
***
-Bueno, que ya hay que volver,
que se nos hace de noche
¡Venga!, meteos en el coche...
Nos vemos por internet...
Sergio, vamos...
¡Si ya se ha dormido Pablo!
***
Se ha acabado un día intenso;
en la cama, bien cansados,
se despiden Sergio y Pablo
de su padre, con mil besos.
que es, seguro,
el mejor papá del mundo
XIX.- Nana para Pablo en brazos de Miguel.
A la nana nanita,
nanita ea,
este niño pequeño
se balancea
en brazos de su padre,
¡benditos sean!
como ramas de roble
que protegieran
Ea, ea,
el nido en que el pollito
feliz sestea
del sol bien resguardado y
de las tormentas.
Que al niño, cuando llora,
bien lo consuelan,
que al niño, cuando ríe,
bien lo contentan.
Nana, nana.
Que son lirios floridos
en la mañana,
que son timón un barco
que no naufraga.
Que si el niño tropieza
bien lo levantan,
y si el niño se hiriese
bien lo curaran
Ea, ea.
A la nana, nanita,
nanita, ea,
que al cuello de su padre
Pablo se aferra,
A la, nana, nanita,
nanita, nana,
que al cuello de Miguel,
Pablo se abraza.
Nana, nana.
XX.- La batalla titánica contra un ordenador que fue vencida por un niño.
Miguel, lobo del mar de la informática
se encuentra ahora varado en dique seco.
Sentado y enfrentado a la pantalla,
tecleando y maldiciendo.
Está ya un poco negro
porque el trasto dichoso no le arranca.
Le va a salir el humo del cerebro
¡siete horas sin moverse del asiento!
Hoy viste camiseta, una sin mangas,
bermudas de pirata
playeras color negro...
Y suerte que de ropa va ligero,
si no se cocería en su salsa
del acaloramiento.
Los ojos pone estrechos,
la boca, apretada.
De rabia cierra fuerte las quijadas,
los músculos se marcan,
tensa el esternocleidomastoideo.
La sien vibra con leves movimientos
y gotas finas de sudor resbalan.
-Se enciende, pero no encuentro luego
la red. Es por las conexiones, creo...
Me he tenido que volver a casa
buscando estos programas...
Primero formateo
y lo cargo después todo de nuevo
¡Ocho horas para nada!
¡Verás tú la patada que le pego!
Revuelve más los discos de la caja
La silla se desplaza empujada
de nuevo a la pantalla;
le da ahora mil vueltas al asiento.
Nervioso urga entre los programas...
Y entre reseteo y reseteo
las manos entrelaza,
pone a rodar frenético los dedos
pulgares en un giro vïolento.
-¡El disco este no vale para nada!
Lo aprieta y lo destroza en su manaza
y se clava un fragmento.
-Miguel ¿cómo va eso?...
-Y lo que sale aquí ¿es malo o bueno?...
-¿Qué tal si haces así? Porque yo creo...
-¡Que nadie, por favor me diga nada,
que hoy estoy que muerdo!
-Pues hombre! Déjalo para mañana.
-Mañana yo no vuelvo;
llama a una empresa y que lo instale un técnico
Y mientras, Pablo corre por la casa,
Primero coge un libro del colegio,
después la bici saca,
y a la calle se marcha
Se sale y entra luego
pues es pronto y no encuentra compañeros.
Revuelve los cajones de la sala
y busca algún juguete que le valga.
-¡Ay niño! ¡no me seas tan molesto!
Pero ha encontrado ya lo que buscaba:
la pierna de papá el crío abraza
y Miguel se desarma
y el mal humor le borra por momentos.
Y da comienzo un juego:
Pablo hasta la rodilla se encarama,
Miguel lo azota suave en el trasero.
Pablo al muslo se agarra
riendo y pataleando de contento.
Miguel le va mordiendo
la espalda, la barriga, el cuello, el pecho...
Y Pablo ya alcanza
la cumbre del castillo que escalaba.
Para el conquistador el justo premio:
Miguel se lo acurruca ahora en su seno
lo acuna y se lo come luego a besos
Y lo monta después a horcajadas
de su espinilla, cerca del pie izquierdo.
Y lo va meneando
arriba, abajo, en dulce balanceo
Y en esa cabalgada
alcanza Pablo casi el firmamento.
Y todos lo sabemos:
que pese a estar hoy algo cascarrabias
vendrá las veces que sean necesarias
porque a Miguel no le rinde este reto.
Y cuando a su familia algo le falta
papá no le escatima ni un esfuerzo.
XXI
¡Qué juegos de la vida!
Dos arrancando pétalos
a unas margaritas
***
Los tragos más amargos:
los brindis por deseos
que no son verdaderos
***
Caminantes de las sendas;
se van pisando las huellas
pero jamás se encuentran
XXII
¡Que bravo que bajas
arroyo Becedas
esta temporada!.
Arroyo que eres un suspiro,
de puro poluto
dejaste de criar los cachos
que hubo en tu agua antaño
y nunca pescaba de niño.
Riberas de Navaserrada
que en la adolescencia
saciasteis la sed de aventuras
en sugerentes acampadas
en la única charca
natural que hay en la comarca,
que luego vi contaminada
cuando, emocionado,
quise cierto día mostrarla..
Hogaño las lluvias prolijas
tras larga sequía
empapan los campos
abriendo cauces agostados
llenando los viejos trampales
y los manantiales.
Las aguas que encharcan los prados
corren por los valles
y hasta ti, ahora río
como nunca he visto,
llegan a raudales.
Te sales de madre
e inundas cercados contiguos.
y saltas, bravío,
los pontones desprevenidos,
Rebosas las presas
de Hoyo de Pinares
y, entre roquedales,
tu caudal desplomas:
un hilillo otrora
y cascada ahora.
Tu garganta en alta voz brama
del agua el eterno canto.
Miguel, con su cámara en mano,
es hoy el notario
de tus osadías.
Y está, como yo entusiasmado
con tu espectáculo.
Arroyo Becedas
¡qué hermoso te veo!
Mucho más si te miro al lado
de aquel que yo quiero.
XXIII Insomnio
Es una noche insomne de verano.
Giro en sudadas sábanas; me bullen
los pensamientos y el sueño me rehuye.
Un reloj toca su tic-tac lejano.
Me levanto otra vez, bebo otro trago.
Siento en mis sienes la sangre que fluye.
Echo de menos lo que jamás tuve,
añoro lo que nunca me fue dado.
Quisiera entre tus brazos recordarme,
saber cómo es el soplo de tu aliento,
guardar memoria de tu piel salada,
haber oído tu pecho cuando late,
recordar la textura de tu sexo...
Sombras; vana ilusión. Todo fue nada.
XXIV.- Tristeza.
Ahora que estoy triste pienso en ti
y siento un poco menos de tristeza
y me imagino que tú me consuelas
y que te tengo más cerca de mí
Tu sola imagen me parece, así,
borrar las sombras que ahora me atormentan;
es como si mis penas disolviera
o mis ansias pudiera diluir.
¡Cuidado con las vanas esperanzas
no sean peor luego que la enfermedad
remedios que son puras invenciones!
El negro nubarrón ahora me escampas
mas temo que evocarte me traerá
congoja y ansiedad aún mayores
XXV
Amor cortés, estúpido, vacío,
deseo neciamente idealizado,
ociosa obsesión de tiempos pasados
¿por qué me has de tener tan absorbido?
Si mil razones hay para el olvido
(no sienta en belleza ningún canon,
ni es flor del intelecto más preclaro,
ni afines son sus gustos a los míos)
¿por qué está en mis insomnios tan presente?
¿Por qué tengo aún absurdas esperanzas?
¿Por qué no rompo ya estas cadenas?
Si mi razón discierne claramente,
¿por qué creo en monarquías azuladas?
¿Por qué escribir inútiles poemas?XXVI.- Olvido.
Olvido ¡qué palabra desdichada!
Traerás, en realidad, feliz descanso,
traerás la conclusión de un tiempo amargo,
y suenas a condena, la más larga.
Olvido es vaciar el pensamiento
de anhelos e ilusiones siempre vanas,
es no tener un nudo en la garganta
por no dejar brotar los sentimientos.
Olvido para nunca más soñar
despierto, conciliando poco el sueño.
Olvido para no querer aquello
que sé ya que no puedo yo alcanzar
Olvido para no tener envidia
de quien tu corazón logra atrapar;
olvido para no ver que no estás,
y así no recordarte todo el día.
En las quimeras que has imaginado
ya sé que no seré tu compañía;
amigos sólo: así es como querías.
Y olvido es el jarabe en que tragarlo.
Olvido, borra los deseos míos,
Olvido, camarada de antaño,
Olvido, fulminante como el rayo.
¡Olvido, ven Olvido, ven Olvido!
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